sábado, 2 de enero de 2010

Desde el otro lado. Entrada X

Saludos compañeros. Hoy, tengo que decir que después de tanto tiempo escondido en mi escondrijo, he matado a un hombre. No me siento orgulloso de ello, pero lo he tenido que hacer, era mi vida o la suya. Y no he tenido elección.

Me siento profundamente deprimido y sin ganas de continuar viviendo. Los ojos de aquel desgraciado se me aparecen cada vez que cierro los míos, y su atormentada voz pidiendome piedad, inunda mis oidos cada vez que el sueño vence a mi cuerpo.

He intentado comer algo, pero me ha sid imposible. Sé que tengo que hacerlo, pero cada vez que lo intento las náuseas vienen a mi garganta y me obligan a expulsar el poco material sólido que haya ingerido mi cuerpo. Creo que los nervios se me han agarrado al estómago. Me tiemblan las piernas y las manos. Lo de mis piernas no es grave, es algo que puedo controlar, pero lo de las manos es... no sé como explicarlo. Es como si hubieran atado a mis muñecas dos ma´quinas de taladrar y el percutor no parara de moverse con velocidad de un lado a otro. Si cogiera un clavo con los dedos, y colocara su punta contra una madera, estoy convencido de que sería capaz de clavarlo sin ningún tipo de ayuda.

Aun no estoy muy seguro de cuales han sido los mecanismos de mi cerebro que me han empujado a hacer lo que he hecho, pero la verdad es que no he dudado ni un instante. No me siento orgulloso de ello, pero como dije antes, era mi vida o la suya. Paso a contaroslo antes de que el temblor se apodere de mi garganta.

Hoy, como todos los días, he salido en la noche a revisar las conexiones de mi nueva fuente de energía, por lo que he abandonado durante un rato mi refugio permanente y he salido en dirección a la gasolinera. Al llegar, todo sucedía con total normalidad, a excepción de la espesa niebla que se había asentado en la zona.

Al entrar en el cuarto de contadores, cerré por completo la puerta para así, una vez dentro, poder encender la linterna y evitar que cualquiera pudiese ver siquiera un pequeño atisbo de mi situación. Ojeé con cuidado las baterías en busca de fugas, y revisé con cuidado los empalmes que había hecho los días anteriores, por si acaso estaban demasiado calientes o se había despegado la cinta aislante que había utilizado para protegerlos de las inclemencias del frío.

Al salir de allí, mis sentidos se crisparon por completo, como los de un gato que descubre tras unos matorrales el sonido de las patas de un ratón al correr por entre sus ramas. Mi cuerpo se tensó, intentando agudizar todos mis sentidos para localizar el lugar de procedencia de las voces que acababa de escuchar. Mi concentración se rompió al recibir perfectamente el sonido de varios cristales rompiéndose al unísono.

Amparado por la espesa niebla, y la nula visibilidad de la noche, me fui acercando a la zona intentando hacer el menor ruido posible con mis botas, a sabiendas de que la gruesa suela de las mismas no me iban a ayudar en tan importante tarea. Sentándome en un bordillo cercano a la entrada de la gasolinera, me despojé de un de las camisetas de interior que llebvaba puestas, y rompiéndola en dos, me las até alrededor del calzado, dando varias vueltas sobre las suelas de las mismas para amortiguar en todo lo posible el ruido que emitieran mis pies al caminar por el asfalto.

El sonido de aquellas voces y el de los cristales rotos, provenían del centro comercial que estaba situado en la parte superior de la gasolinera. Tras pararme a escuchar de nuevo en dirección a aquel escándalo, intenté determinar la distancia de su posición, estableciendo la misma en mas o menos veinticinco metros, pero por culpa de aquella inexistente visibilidad, no era capaz de recibir ningún movimiento de los alborotadores nocturnos.

Me acerqué con cuidado, hasta que me quedé en la misma puerta de la entrada del centro comercial. Las puertas correderas estaban hechas añicos desde hacía tiempo y los asaltantes no eran los mismos los que yo andaba espiando en esos momentos. Me adentré en el lugar, intentando por todos los medios pasar desapercibido y no ser escuchado por aquellos locos que no dudaban en seguir rompiendo todo lo que encontraban a su paso. A mi en el fondo me daba igual, ya que pocas cosas quedaban de pié hoy en día en este mundo, pero si bien es cierto que siempre que me doy una vuelta por este centro comercial o por cualquier vivienda vacía desde hace años, siempre encuentro algo que me pueda servir de alguna utilidad para alguna cosa. Para ello, lo marco en un pequeño mapa que siempe llevo con migo allá por donde voy, para tenerlo siempre en cuenta en futuras expediciones.

La oscuridad del centro comercial era profunda, ya que ninguna luz hacía acto de presencia en aquel lugar, pero aunque yo estaba a unos treinta metros de su posición, aun quedaban resquicios de iluminación de las linternas de aquellos locos, que llegaban hasta mi gracias al reflejo de los numerosos escaparates que antaño lucían relucientes frente a los ávidos compradores compulsivos de la ciudad.

Cuando por fin los avisté, me escondí tras la ajada barra del antiguo bar que presidía el centro de aquel hall de entrada al supermercado. Por fin los veía. Eran tres, y todos ellos portaban pequeños candiles de cristal improvisados, en los que una minúscula vela alumbraba la zona con una llama fantasmagórica. Iban armados los tres con una escopeta, no me preguntéis de qué marca o modelo porque de armas no entiendo, solo sé que eran grandes y bastante viejas en comparación a los modelos que aparecían siempre en las series americanas. Uno de ellos, el mas grande del grupo, además llevaba atado al cinto un enorme machete de hoja ligeramente curvada que le llegaba por debajo de la rodilla.

Fue entonces cuando vi...un momento. Estoy oyendo algo. Ahora en un rato vuelvo. No os vayáis por favor...

jueves, 31 de diciembre de 2009

Desde el otro lado. Entrada IX

Hola, compañeros de las ondas. Podría decir que este sería el comienzo perfecto para cualquier programa serio de radio, de esos que antiguamente eran emitidos a través de la onda corta, o AM, como se conocía aquí, en España. Ahora, como buen presentador, comenzaría a dar el reporte del día, con las noticias más destacadas de la jornada, pero por desgracia no es así. No daré las noticias de la jornada, pero al menos, a aquellos compañeros y compatriotas que pertenezcan al selecto grupo de los supervivientes de la zona española, si les mostraré la razón, o al menos, una de las razones, de por qué nuestro mundo ha acabado como lo conocemos en estos momentos.

Si miráis a través de las ventanas de vuestros refugios, o por encima de la barandilla de lo que antes fue el balcón de vuestra terraza, y véis escombros, hierros, desolación y destrucción, sabed que la culpa no fue de los Estados Unidos, como nos intentaron vender hace tiempo. Recordad que poco antes de que el mundo, o al menos nuestra parte de él, estallara en llamas, las noticias no podían asegurar quien se encontraba detrás de los ataques a la mayoría de las capitales europeas y de sus alredededores. Nunca nos pusieron frente a la cara al culpable, pero sí se especuló con la posibilidad de que fueran los yankis. Todos los odiamos desde entonces.

Pues sabed que ellos no fueron los causantes de nuestra desesperación. El reporte que ahora os voy a ofrecer, llegó anoche desde Perú, y fuí capaz de grabarlo por pura suerte, ya que me pilló en pleno proceso de reparación del famoso walkman que hace las guardias nocturnas, esperando los reportes de todos vosotros, los que hoy, os habéis convertido en mi enlace con el mundo real. El mensaje, pese a la mala calidad del sonido, se escucha medianamente bien, pero la estática es contínua. Bajad los graves de vuestro aparato, y podréis escucharlo con mayor nitidez. Siento que tengáis que escuchar esto, pero es mi obligación mostraros la verdad, por más dura que sea. Ahí va. Le doy al play...

¡¿Hola?! ¡¿Hola?!

 Mierda, se fue la comunicación… bueno José, no sé cómo diablos lo he conseguido, pero he podido captar tu señal. Espero que tú puedas captar la mía, pues esta me ha dado fuerzas para seguir adelante. Me avergüenza decirlo, pero quiero que te dés una idea de cómo es mi actual situación. En estos días almuerzo con una M92F como si de un utensilio mas de mesa se tratara… y ayer estuve a punto de usarlo. Ya no puedo mas con esto. Cada día peleo conmigo mismo para no flaquear, para mantener la coherencia. Si la llegase a perder un poco estoy seguro que no seria capaz de sobrevivir ni un segundo mas de esto. Vivo en un mundo que pensé que solo existía en las películas y en los videojuegos…no sé si me llegas a escuchar o no, pero esa es la historia.
 
Estoy viviendo en el sótano de un vecino. Tenía una especie de refugio anti-bombas. Era un ex militar y también era el loco de la cuadra, siempre se estaba preparando para algo así, trató de advertir a la mayoría de la gente, pero nadie daba ni un centavo por lo que decía. Curiosamente, al final resultó ser el mas inteligente de todos nosotros. Pobre que haya tenido que morir así… Bien, estoy aquí para informar y no para lloriquear, quiero que sepan qué es lo que pasa aquí y estén prevenidos en caso de que esto se propague, cosa que espero nunca lo haga y aparezca Dios en un acto de misericordia destruya todo mi país y que esto no salga de las fronteras.

Como ya deben de saber, estalló la guerra y sabemos que lo que empezó a escasear más fue el petróleo, ese maldito oro negro que ahora no podemos ver mi medio litro junto y si antes matábamos por él, pues ahora morimos por un poco. Pues bien, esta escasez hizo que los científicos mas destacados se juntaran y trataran de crear una fuente de energía que supliera al petróleo. Se necesitaba algo que diera las mismas funciones de este combustible pero que hubiera en abundancia. Se decía que este proyecto ya estaba en pie antes de que estallara la guerra y que faltaban solo algunos permisos  y pequeñas pruebas. Hace años las grandes naciones han buscado dejar de depender del petróleo, y no crean que es por mejorar el medio ambiente, sino para que las grandes potencias dejen de depender de aquellos países como Venezuela, Colombia o Argentina en Sudamérica o Arabia, Kuwait e Irak en Oriente Medio, que contaban con un gran recurso de este combustible y sustituirlo por lo que más abunda en el planeta, el Agua.

Estos autoproclamados “genios”, no encontraron otro lugar mas perfecto que Perú para hacer sus investigaciones y pruebas. Dicen que lo eligieron por su localización y porque desde aquí era mas fácil suministrar el nuevo combustible a las otras naciones sudamericanas. Sí, claro. Lo mas seguro es que querían estar en un lugar así para venderla o extorsionar a todos los países sudamericanos con dicha fuente de energía. Los harían ponerse de su lado y tendrían ya su carne de cañón. Aparte de que debieron haber buscado el lugar con los líderes mas corruptos del mundo que por un poco de monedas, se hagan de la vista gorda mientras cercenan todo su país.

Bueno, estos “científicos” empezaron con las investigaciones. Lo hicieron a lo largo y ancho del territorio. Querían ver la estabilidad del componente en todos los aspectos climáticos: calido, frio, húmedo, caluroso, etc. y el país peruano les brindaba todos esos climas.

Las cosas estuvieron tranquilas por un tiempo. Nos engañaron con que científicos extranjeros venían a traer la solución a nuestros problemas. Se les hicieron homenajes, el congreso los premió. Eran recibidos con fiestas y corzos en todos los pequeños pueblos a los que llegaban… pero después de seis meses, las cosas salieron mal, hubieron algunas explosiones, contaminación del agua y ni hablar de la deforestación. El vocero de LabPetrum, que era la industria que para ese tiempo ya había acaparado el 60 por ciento del país con sus laboratorios, salió a decir que todos estos incidentes estaban previstos y controlados, por lo que no tenían motivos por los que preocuparse… hasta que empezó a desaparecer gente.

De un día para otro, desaparecieron mas de 20 obreros en distintas partes del país. Se veía en las noticias a los parientes, diciendo que la empresa les había enviado un documento informándoles de que sus familiares iban a ser llevados a otros países en Europa para una capacitación, pero ninguno de ellos fue a sus hogares a despedirse de sus familias ni a llevarse ninguna clase de vestimenta para dicho viaje. Te rompía el corazón el ver a las madres, hijas, o esposas con las lagrimas en los ojos sin saber nada de sus seres queridos. LabPetrum tan solo decía que se habían ido a capacitarse.

Empezaron las manifestaciones en las puertas de los laboratorios, y con ellas, el caos. Las personas empezaron a perder el control al no recibir ninguna buena respuesta de parte del laboratorio, y la excusa de la capacitación colmó la paciencia de las personas, que no se explicaban el cómo hasta ahora no se habían comunicado sus familiares, ni tan siquiera para decirles en qué país estaban.

Hasta que llegó la noticia que cambió todo… apareció uno de los obreros perdidos. Era un hombre de un metro ochenta de estatura, tez morena, con la cabeza completamente rapada, los ojos desorbitados y sus pies prácticamente quemados. El hombre fue hallado a faldas del volcán Misti en Arequipa. Lo único que permitía al obrero cubrir su desnudez eran unos boxers que llevaba puestos con el estampado del culpable…“LabPetrum”.

Fue encontrado casi muerto, totalmente deshidratado. No tenia fuerzas para hablar y parecía que estaba a dos segundos de morir. Si me hubieran preguntado, habría jurado que estaba entre la línea de la vida y la muerte.

 Lo llevaron a un hospital de la zona, y, como siempre, LabPetrum negó todo. Afirmaron que este era uno de los espías que estaban buscando, solo que no lo dijeron por respeto a su familia. ¡Sí como no! ¿Tan ingenuos nos creen? El hombre estuvo en observación por mas de 1 semana y…. y…
 
¡Carajo! Pierdo señal…
 
*Estática*


Siento no poder ofreceros más, pero tal como lo recibí, yo os lo muestro a vosotros. Mi idea del mundo a partir de ahora cambia de manera radical. Todos sabíamos del protagonismo del petróleo en esta guerra, pero no estábamos informados del nuevo protagonista secundario de esta historia. El agua.

Hace años cuando trabajaba, recuerdo que a veces, cuando éramos capaces de mantener una conversación seria, les decía a mis compañeros que en el futuro las guerras no serían originadas por la religión ni por el dinero, ya que al final, el hombre se daría cuenta de que los bienes materiales de los que gozaba, iban a ser escasos si no era capaz de cuidar las reservas de agua de las que disponía. EL agua sería algo importantísimo en un futuro cercano, y, el rico, pujaría con todas sus fuerzas por hacerse con este recurso, que, equivocadamente, pensábamos infinito.

Nunca pensé que me acercaría tanto a la realidad...

No voy a hablar más. Os dejo con vosotros mismo, para que seáis capaces de llegar a vustras propias conclusiones. Yo mientras tanto, intentaré contactar de nuevo con Broncas, a ver si me puede contar más de su situación en el Perú.

Un abrazo a todos los que me oís. Sabéis que estoy aquí, vigilando, como siempre, desde el otro lado.

lunes, 28 de diciembre de 2009

Aroma de violetas


La oscuridad le envuelve. No ve nada. Sus ojos están tapados con una cinta negra. Intenta mover sus brazos y sus piernas, pero es como luchar contra el abrazo de un gigante. El que ha hecho el trabajo, lo ha hecho perfectamente, a conciencia, y él lo sabe. Escucha gente a su alrededor, murmurando, pero no alcanza a oir lo que dicen. No son muchos. Tres, a lo sumo cuatro. Todos calzan zapatos caros, lo sabe por el sonido de las suelas al chocar contra el parquet. Su olfato percibe mas bien poco. La limpieza de la habitación es perfecta. Podría jurar que huele a antiséptico o a medicamento, como en los hospitales.

El asiento en el que se encuentra, no es duro, pero tampoo es blando. Parece acolchado, pero lo que está claro es que no fue fabricado para dar comodidad al que lo usara, ya que la base de su espalda lleva ya un rato quejándose con fuerza.

Mas pasos. Ahora de un hombre menudo, quizá ya mayor. Sus zancadas son mas cortas, y arrastra los pies. Está perfumado, huele como a violetas.

Echa su mente hacia el pasado, a cuando era un niño, y recuerda que el párroco de la Iglesia donde siempre iba su madre, siempre decía que el mal olía a viletas. Que el demonio olía a violetas. - ¿Será un mal presagio?- Piensa.

Uno de los hombres que le rodea, se acerca a él y le dice algo al oido, pero él no oye nada, su mente está en otro sitio. Lejos de aquí.
Está en un prado verde. En lo alto de una montaña y rodeado de flores. Su cerebro le envia a sus fosas nasales el aroma de la hierba fresca.
Siente como le tocan la cabeza, con suavidad, casi como una madre cuando peina a su hijo antes de ir a la escuela. Nota cómo un frío líquido le hace cosquillas en la coronilla, y baja suvemente por su oreja izquierda. El roce del líquido por el cuello, le pone la carne de gallina, y eriza todo su vello corporal.

Ha llegado el momento. Está preparado.
Vuelve donde está su cuerpo, y agudiza con miedo sus sentidos. Un silencio sepulcral envuelve la sala en la que se encuentra. Ya no oye el arrastrar de los pies de quienes le rodeaban, tan solo un zumbido contínuo, escalofriante, que hace que de nuevo se le erice la piel de los brazos.

Nota como unos dedos se introducen en su boca. Él forcejea, intenta escupir lo que sea que le estén metiendo en la boca, pero la fuerza es inútil. Su boca está empapada en un líquido fresco, pero con algo sólido que le impide juntar las mandíbulas. Su sabor es como el del algodón. Neutro, pero a la vez fresco y agradable.

Otra vez ese olor a violetas.

El zumbido comienza a aumentar en intensidad, hasta que de repente, un estallido recorre su espina dorsal, y es entonces cuando su mente abandona su cuerpo, y se ve a si mismo allí abajo, sentado, debatiendose por soltarse de las correas que le tienen atenazado al trono de sufrimiento al que le han condenado.

Observa como su cuerpo, vestido con un mono de color naranja, no hace más que temblar. Sus ojos están tapados con una cinta negra, pero ve como dos hilillos de sangre comienzan a recorrer sus mejillas y a chorrear por la base de sus mandíbulas. Las manos, delgadas, se agarran con fuerza a los brazos del asiento, mientras sus piernas no paran de dar patadas infructuosas, al verse paradas por el efecto de los correajes.

De repente, deja de moverse, y su cabeza cae a plomo hacia abajo, descansando sobre su pecho, dejando entrever unas feas manchas de sangre en la zona del cuello. Su mente, como si fuera un imán atraido por el polo magnético de la Tierra, se ve empujada de nuevo hacia el interior del cuerpo que ha ocupado durante toda su vida.

Lucha por respirar. Nota como le chorrea la cara. No nota sus ojos, tan solo un calor espantoso en la zona, como si miles de cerillas estuvieran encendidas dentro de sus cuencas oculares. Sus manos tiemblan como locas, atenazadas por una vibraación que no puede controlar. El pecho le arde. Sube y baja de manera desenfrenada, debatiéndose por arrancar cada partícula de oxígeno de la que esté impregnado el aire.

Alguien se acerca a él, y nota como le pone dos dedos en el cuello. Pasan unos segundos y de repente vuelve a pasar. Su mente se despoja de su envoltorio y vuelve a salir de su cuerpo. Esta vez se ve mas pequeño, a mas distancia. Todo lo que oye, es muy lejano, como un eco en una cueva profunda.

Ve como su cuerpo no para de temblar. Lucha por aferrase a la silla,mientras a su vez sus brazos y sus piernas forcejean para escaparse del abrazo de la muerte.

El zumbido es ensordecedor. Aun puede oirlo, pero ya no nota que se le erice el vello de la nuca.

El olor a violetas inunda toda la habitación. Ya no huele el perfume de sus verdugos, ni la lejía de la habitación. Solo las violetas. Miles y miles de violetas le envuelven, como si se concentraran todas alrededor de él.

Vuelve a prestar atención a su cuerpo. Su cabeza no para de dar golpes al cabecero de la silla. Le llama la atención el pelo. Cada vez se va rizando más, hasta que de pronto comienza a arder. El cuerpo que hace unos minutos habitaba, se ha convertido en una antorcha, pero a él, lo que mas le sorprende, es que le da igual. Ahora está muy por encima de eso.

Se mira su nuevo pecho, el intangible, el onírico. Un hilo de plata extremadamente fino sale desde el centro mismo de su torso, y desciende hasta posarse en el pecho del hombre al que antes pertenecía la mirada que ahora observa todo desde arriba. Está aun conectado a su cuerpo.

Un hombre vestido con uniforme azul, rocía su cabeza con el líquido de un extintor, acabando con las llamas en cuestión de segundos. Se acerca otro hombre ataviado con bata blanca, posa dos de sus dedos en su cuerpo. Despues de unos segundos, hace una señal a un tercero, y este sube una manivela, que hace que deje de sonar ese zumbido infernal.

Todo se ha acabado, al menos para el que fue su cuerpo.

Sigue oliendo a violetas.

Mientras sus nuevos ojos se posan en la escena que ocurre bajo la entidad que es ahora, nota como todo se oscurece de repente. El vacío se torna negro.

Percibe cómo algo le coge del brazo y le empuja hacia abajo, pero no puede ver nada.

Las violetas se han internado hasta lo mas profundo de su alma. No puede hacer salir ese nauseabundo olor, y piensa que si estuviera aun vivo, habría roto a vomitar.

Lo que a continuación ve, es algo que nunca habría podido explicar con la lengua de la que estaba dotado en vida. Aquella visión, le hizo de nuevo recordar al párroco de su pueblo.

Un ser, de aspecto infernal, se encuentra frente a él parado y observándole fijamente. Su cuerpo, completamente carbonizado, no es humano, o al menos no su parte inferior. Unas patas parecidas a las de un carnero o a las de un macho cabrío, fuertes, musculosas, pero llenas de calvas y de pelo chamuscado se asoman bajo su cintura esculpida en músculos de acero y coronada con un enorme miembro rodeado de vello negro y rizado.

Su piel, roja como la sangre, está llena de quemaduras y en la espalda, dos enormes alas, negras como la noche en las que en muchas zonas se le ve la carne, que también está cauterizada por el fuego.

Pero lo peor es su rostro. Un rostro perfecto, precioso. Cabello rubio, pómulos altos, barbilla rectángular y pequeña nariz. Si hubiera sido humano, habría sido el ser más hermoso que pisara la tierra. Pero no era humano. Los ojos de aquel ángel le decían que no, que no era humano. Unos ojos negros como un pozo, llenos de odio y de amargura le miraban, haciendo que sus mas obscenos pensamientos se encontraran a merced de su mirada.

Cuando aquella figura comenzó a hablar, le mostró unos dientes afilados, amenazadores como los de la bestia que era.

Y mientras tanto, aquel olor a violetas. Esa flor de entierro. No, no era olor a flores, era olor a muerte, a putrefacción. A odio y a amargura. A lujuria y envidia. A

sábado, 26 de diciembre de 2009

Desde el otro lado. Entrada VIII

Saludos de nuevo. Mi nombre es José Antonio, y espero que aun haya alguien ahí escuchando mis mensajes.

Sigo intentando comunicarme con Ida, pero mis mensajes tan solo reciben estática desde el otro lado de las ondas. En su defecto, mi invento casero de "autograbación" con el Walkman, ha dado sus frutos de nuevo, y he recibido el reporte de otro afortunado de este mundo. Está vivo y se mantiene escondido en algún lugar de la montaña. Sus noticias no son halagüeñas, pero servirán de bálsamo para aquellos que se encuentren ahora escuchando este mensaje. No me entretengo mas:

Hoy es el día de Navidad.

O fue ayer... Creo que la marihuana me está afectando la capacidad de recordar el día en el que estoy. Claro, que tampoco me hace mucha falta. Estoy en el infierno creado por los hombres, y mi único objetivo es poder llegar a la noche lo suficientemente vivo como para poder utilizar la radio mientras me fumo otro porro, y espero al siguiente amanecer.

No obstante, mis lagunas no afectan a hechos que quedaron marcados a fuego en mi alma, para mi pesar, como el origen de toda esta locura. Sus efectos. Sus consecuencias. Recuerdo el día que entré en casa de mis padres como una exhalación, gritando como un poseso sobre un inminente conflicto global y la necesidad de hacer algo al respecto. Lo había leído por Internet, en un blog sobre teorías conspiracionistas y demás desastres apocalípticos. Normalmente su contenido era carne de programa sobre actividades paranormales de emisión nocturna. Pero ese día todo era claro, conciso y con datos y fuentes reales. Una supuesta reunión en secreto de los representantes de las potencias mundiales justo antes de una cumbre para buscar soluciones a una crisis que, entonces era un problemón, y ahora me parece una piedra en un zapato comparado con lo que se nos vino encima después. Tras ese cónclave secreto, las posturas de cada uno fueron aún más distantes que antes de la misma, y todo hacía indicar que el estallido de la guerra era cuestión de días. Sólo hacía falta un dedo nervioso que pulsara un botón, y así fue como sucedió.

Tres días después de mi aviso cayeron las primeras bombas “segadoras de margaritas” sobre Badajoz y las demás ciudades grandes de Extremadura. Supongo que las bombas de vacío o las MOAB´s las reservan para las grandes urbes. No merece la pena malgastarlas en el culo del mundo... Eso debieron pensar, y eso nos dio una ligera ventaja a aquellos que sobrevivimos a los primeros ataques. Las líneas de telefonía fijas y móviles estaban colapsadas (o caídas, no se) y me recorrí la ciudad a toda velocidad buscando a mis seres queridos. No encontré a nadie, sólo caos, muerte, locura, lo peor de cada ser humano... Al comienzo de todo, había acordado con unos amigos que, en la mañana del cuarto día, nos encontraríamos a las afueras de Badajoz para que me acompañaran en mi huída, que tenía medianamente pensada desde que leí el blog apocalíptico. Estuve un día entero esperando en el punto acordado, solo. No llegó nadie. Con lágrimas en los ojos me monté en mi viejo BMW 732i del 79 y seguí los pasos tal y como los había planeado; me dirigiría al norte de Extremadura, donde seguramente tendría más posibilidades de sobrevivir que en la urbe.

Poco o nada recuerdo del camino. Si existe un símil real al via crucis bíblico debe ser algo muy parecido a ese viaje. Todo en mi mente estaba oscuro, como cubierto por un velo de tinieblas que me impedía ver todo lo que sucedía a mi alrededor, aunque lo mirase… Avancé sin pausa, esquivando restos de accidentes y acelerando cada vez que alguien me intentaba detener. Una vez pasado Plasencia me quedé sin lágrimas y casi sin gasolina, pues con la confusión inicial se me olvidó llenar el depósito del coche hasta arriba. Las imágenes de aquellas personas a las que no volvería a ver jamás se agolpaban en mi cabeza como marujas el día de las rebajas. No podía pensar con claridad y, casi sin darme cuenta, llegué a mi destino, a mi destierro voluntario del mundo. De la humanidad.

Y aquí es donde me encuentro desde entonces. Me aprovisioné por el camino de armas y elementos que consideraba necesarios para poder aguantar hasta encontrar ayuda. Ayuda, ¡ja!. Ingenuo de mí. Gracias a la impagable instrucción en armas y supervivencia que recibí por parte de los videojuegos, novelas, películas (gracias “John Rambo”) y comics he resistido hasta la fecha. Al principio me costó disparar la M-43 Firestar, que tomé prestada de un guardia civil muerto, contra alguien. Eso me costó una cicatriz que me atraviesa la cara en diagonal y que me sirve de recordatorio. Me recuerda que jamás hay que fiarse de un ser humano en el límite de su cordura y desesperado. Primero disparo, luego pregunto. Jose Antonio, si estás escuchando esto, espero que sigas mi recomendación. Vivirás más.

He logrado cultivar algunas verduras, hortalizas y marihuana, pues aquí en la sierra parece que el cielo no es tan oscuro como en otras zonas más castigadas por los bombardeos y gaseamientos. Al principio había bastante gente por la zona en la que me encuentro, de no muy fácil acceso, por cierto. Pero dos familias se mataron a golpes mientras discutían por un venado. Otra de las casas fue asaltada por un pequeño grupo de nómadas del norte en busca de refugio y víveres. Los maté a todos. El resto de mis “vecinos” huyeron a sitios más tranquilos, como si eso fuera posible. Ahora sólo quedo yo, y estoy pensando seriamente en mudarme un poco más arriba en la montaña, a una especie de refugio que encontré un día que salí de caza.

De momento esto es todo lo que puedo contarte, ya que el tiempo en la sierra como bien sabes, es bastante incierto, y la tormenta amenaza con tirar abajo esta casa de madera en la que me escondo de las miserias del mundo. Hace mucho aire y la temperatura es bastante mas baja de los cero grados. Espero que estés bien, y que todos los que mandan sus mensajes como yo, pasen tranqilos y seguros la noche que se acerca cada vez más rápido. En cuanto pueda, volveré a ponerme en contacto contigo. Aguanta compañero, que ya sabes que no estás solo.


La verdad es que aquí tambien hace mucho frío, es lo que tiene el invierno, además de que en esta zona del sur de Madrid, no sé porr qué, pero siempre se encuentra entre tres y cinco grados por debajo del termómetro de las demás ciudades, y aun no me he acostumbrado a las heladas matutinas de la zona.

Pero bueno. Seguimos vivos que es lo importante. No desesperes, que seguro que algún día todo se solucionará, y, quien sabe, a lo mejor incluso somos capaces de encontrar la manera de conocernos y emprende una nueva vida todos juntos, lejos de esta mierda de mundo en el que nos ha tocado vivir.

Soy José Antonio, y estoy emitiendo desde el otro lado. Cierro la conexión.

viernes, 25 de diciembre de 2009

Desde el otro lado. Entrada VII

Saludos desde el sur de Madrid. Soy Jose Antonio, y para el que no me conozca y no sepa qué es lo que hago hablando a través de la radiofrecuencia, quiero decirle que soy lo que él quiera que sea. Su apoyo, su conciencia, su hombro en el que llorar. Estoy aquí para animarte a que no te rindas. A que luches por lo que es tuyo y no te dejes avasallar. Soy uno de los miles, cientos o decenas de supervivientes de este mundo de futuro incierto. Pero sobre todo soy un amigo.

Y ahora paso a hacer el reporte.

Ya he terminado de conectar la torreta eólica y los acumuladores solares de la gasolinera, no sin mucho esfuerzo. Ha sido un trabajo brutal, pero al menos ha merecido la pena.

Trabajar de noche no es sencillo, porque hay que lidiar con el hecho de que no se ve absolutamente nada y que si encima enciendes alguna luz, puedes tener visitantes inesperados. Con esa máxima realizo todos mis trabajos en el exterior. Me suponen el doble de esfuerzo, pero me aseguro la integridad de mi persona y de mis recursos.

Anoche, tras mucho trabajo, conseguí conectar todas las líneas de corriente que venían desde la gasolinera en mi cuadro de mandos. Todo el trabajo que realicé sacando las líneas de las canalizaciones de alumbrado público, fueron en balde, ya que una vez sacadas, no había manera de meterlas ya que no tengo ninguna guía para introducirlas por los tubos de distribución. Menos mal que todo el cable que saqué lo hice fuera de estas zonas, porque sino me habría quedado sin poder terminar el trabajo. Utilicé el que ya estaba metido empalmándolo con otros treinta metros para para poder meterlo en la zona vallada de mi edificio.

Ya está conectado y funcionando todo, y la baterías y acumuladores se me cargan en la mitad de tiempo que se me cargaban antes. Ahora puedo llevar corriente a todos los apartamentos del bloque. Solo son seis, pero así me aseguro el poder tener los congeladores funcionando siempre si miedo a perder la comida almacenada. De todas formas, y por si acaso cometo la imprudencia de encender las luces de cualquiera de los pisos, he desconectado todos los diferenciales de alumbrado de cada uno de los pisos. Hay ciertos hábitos que uno no pierde ni cuando han pasado meses desde que no has usado un interruptor de la luz. Si encendiera alguna lámpara, podría delatar mi posición a cualquier energúmeno.

Despues de terminar esto y sin dormir apenas nada, he ido a por un pollo para hacerlo esta noche. Los hay por todos lados. Hay tantos, que hasta a los gorriones les da miedo bajar al suelo por temor a que los gallos los maten. Hace mucho que no veo gorriones posados en el suelo, no sé si por culpa de los gallos o de los perros salvajes, pero creo que el hecho de que el cielo esté siempre cubierto influye en sus respuestas diurnas. No estoy muy seguro.

Hoy he recibido un reporte desde una cárcel española. No puedo dar mas datos, ya que el recluso no ha querido especificar donde estaba, ni tan siquiera en qué comunidad autónoma, por lo que no sé cual es. Se comunicaba a través de un Walkie, y decía que llevaba varias semanas escuchando mis mensajes y que estos le habían dado fuerza para seguir adelante.

Su nombre es Tsega y nació en Etiopía. Vino a España hace trece años a bordo de una patera y después de cinco años trabajando como una mula y siendo explotado por los empresarios del país, encontró la felicidad al conocer a la que era su esposa. Era hija de un acaudalado del negocio textil, y gracias a ella, consiguió hacerse con los permisos de residencia y de trabajo a base de mover los hilos de la burocracia.

Tras convencer a su padre de que era un buen chico, su esposa le consiguió un trabajo de comercial en el que iba puerta por puerta ofreciendo los productos de sus suegros. El idioma era un obstáculo, ya que sus cuerdas vocales no estaban acostumbradas a torsionarse como lo hacen las nuestras, y aunque entendía perfectamente nuestro idioma, su vocalización le jugaba malas pasadas. Pero, aun así se convirtió en uno de los mejores vendedores de toda la empresa, llegando a cuotas de venta que le aportaron numerosos beneficios.

Al cabo de un par de años más, había formado una familia con Estrella, y tenían dos hijos en común además de una hija recién nacida. Todo les iba redondo, hasta que un día sucedió algo que él nunca pudo explicarse, y que aun hoy, no entiende como pudo pasar.

Una noche, al terminar su jornada de trabajo, volvía a casa por la avenida principal de su localidad, cuando escuchó el sonido de su móvil. Viendo que era su mujer, contestó a la llamada, pero lo único que recibió al otro lado del teléfono fueron gritos y jadeos entrecortados. Corrió todo lo que pudo hasta el chalé en el que vivía, y cuando entró, se encontró con una escena que nunca ha podido olvidar.

Su mujer yacía en el sofá del salón, tumbada con el móvil en la mano derecha mientras esta colgaba inerte y tocaba con sus nudillos ensangrentados la cara alfombra persa que habían comprado en las anteriores navidades. Su pecho era un mar sanguinolento mezclado con la tela de la camiseta que llevaba puesta, y los bordes de la misma se encontraban chamuscados debido a lo que parecía un disparo a quemarropa.

Al verla allí empotrada contra el sillón corrió a encontrarse con ella, pero un golpe terrible le hizo caer de espaldas y perder el conocimiento. Lo siguiente que recordaba era su espalda apoyada sobre el frío suelo de una celda y una acusación de asesinato de sus tres hijos y de su mujer encima de la mesa de una sala de interrogatorios.

Yo le pregunté que cómo era posible eso, que sin hacer nada de lo que me narraba, hubiera acabado con sus huesos en la cárcel, a lo que él me contestó que tampoco lo entendió, hasta que no pasaron casi tres años tras las rejas de la penitenciaría en la que ahora se encontraba.

Fue condenado a mil trescientos años de cárcel. Nada más y nada menos. Y encima era inocente. El problema era que en sus ropas llenas de sangre encontraron pólvora y sus huellas en la culata y en la empuñadura de la escopeta homicida, así como en la caja de municiones y en las balas de la misma. Alguien había hecho un trabajo muy bueno inculpándole de aquella salvajada.

Mas adelante descubrió que su suegro le debía una cantidad enorme de dinero a una mafia rusa, y por no haber pagado lo que debía, se lo cobraron en sangre matando a su hija y a sus nietos. Meses mas tarde su suegro se voló la tapa de los sesos, cerrándole por lo tanto cualquier vía para volver a reabrir el caso, ya que su suegra, no tenía ni idea de en los líos en los que andaba metido su marido, y, por supuesto, no tenía ninguna intención de escuchar las sandeces del asesino de su hija y de sus nietos.

Y hasta aquí es lo que me ha contado, además de que se encuentra en la cárcel prácticamente solo porque la mayoría de los reclusos han huido por una grieta abierta en el muro del patio causada por una de las bombas lanzadas hace meses. Él dice que prefiere quedarse donde está, ya que es más seguro que cualquier sitio del exterior, además de que ahí tiene acceso a muchas armas y a comida enlatada para al menos diez años. Me ha prometido volver a reportarme.

Tras oir su historia me he preguntado si realmente me estaba contando la verdad, pero es cierto que ahora, estando la situación como está, no tiene ninguna necesidad de mentir. No lo sé. Lo que está claro es que si lo que cuenta es cierto, lo que ha pasado en mi vida no es nada comparado con su historia.

Me voy a dormir. Mantendré encendida la radio a la espera de algún reporte nuevo. Saludos a todos. Mi nombre es José Antonio y estoy emitiendo desde el otro lado.

jueves, 24 de diciembre de 2009

Desde el otro lado. Entrada VI

Hola de nuevo. No hace mucho que os envié un reporte, pero la lluvia cae con fuerza en mi ciudad y el aburrimiento en el que me encuentro, me ha hecho encender la radio y ponerme a escuchar vuestras noticias.

Desde que estoy aquí encerrado, mis mejores amigos son mis libros. Me he pasado semanas saqueando las casas de mi vecindario para hacerme con los libros de sus estanterías. Habré recogido cerca de dos mil de ellos, y los tengo almacenados en las casas de este bloque. Tengo lectura para al menos dos vidas.

Mientras buscaba en una de las casas, he encontrado un viejo cassette. No sé si sabéis lo que es. Aquí en España lo llamábamos Walkman, pero no sé si en los demás lugares del mundo se llamaba así. El caso es que mi vena científica ha saltado por los aires y me he puesto a cacharrear con él.

Lo he modificado, y ahora cada vez que alguien llama a mi radiofrecuencia, el cacharro salta y graba lo que sea que me cuente el reportado, permitiéndome escuchar vuestros reportes a cualquier hora del día.

Esta noche he captado varios de ellos, pero sobre todo, ha habido uno me ha llamado sobreanamente la atención. Si os esperáis un momento, lo pongo en el cassette para que podáis escuchar al afectado con su propia voz. La calidad del sonido no es muy buena, ya que las cintas de las que dispongo están un poco trilladas, pero es lo único que he encontrado. Me he tenido que deshacer de una cinta de Greatest Hits de Queen. No me lo perdonaré en la vida.

Bueno, ahí va:

No sé si podrás oirme pues no sé usar este chisme. Este maldito aparato, que lleva dos semanas martirizando mis oidos, ha provocado que deje la seguridad de mi refugio subterráneo y me adentre en el caos en el que se ha convertido mi pueblo.

Los bombardeos han destruido todo y el único sitio para ocultarse es bajo tierra. Salir a la calle de día es un suicido si no estás con ellos y, si te los topas, no debes hacerles frente. El caos y la miseria han comenzado a reinar en este pueblo que, si antes de todo nadie conocía, ahora es un vacío.

Hay que vivir de noche y dormir de día. Pensar siempre a la contraria que el grupo de "Los repobladores", esquivarlos siempre y no dejar pistas de tu existencia, pues si encuentran una acabarán localizándote.

Soy español pero vivo en Zermatt, un pueblecito pequeño y perdido en la inmensidad de los Alpes suizos que hacen de frontera con el norte de Italia. Ya no queda nada.

La gente huyó en el último tren de cremallera que bajaba de la montaña y el que no lo consiguió solo tenía dos opciones, vivir aislado o bajar a pie por la infinita blancura de este lugar. Yo no tuve ocasión de elegir. Con la primera batida de bombardeos caí inconsciente al golpearme los restos de una onda explosiva que destruyó una casa cercana. Quedé tumbado a los pies de mi cama y no me enteré de nada, pero si imagino lo que pasó.

Cuando desperté, la sangre cubría mi cabeza desde la nuca a la cara, dejando al descubierto una más que generosa brecha en el lado derecho de mi cráneo. El color rojo llenaba el suelo y mis ropas, el destrozo a mi alrededor era significativo y una pregunta hizo saltar las alarmas en mi cabeza:"¿Donde estaba mi familia?". Alarmado y con el pulso a punto del infarto, removí escombros y muebles destrozados, levanté mesas, sillas y sillones, volteé camas y sofás, abrí armarios e, inundado de la mayor de las angustias, bajé al sótano para encontrarme con la nada. Allí no estaban. Allí no había nadie.

Espantado, salí a la calle y corrí a la estación del tren, único medio de subir y bajar a la civilización, para descubrir que la ira, la violencia y la crueldad humana puede ser la mayor de las maldades que Dios creó para el hombre, sea rico o pobre, joven o anciano, hombre o mujer. El horror se dibujó en mi rostro y, aún hoy, me acompaña en mis sueños.

Debería trasladar este chisme al refugio para poder hablar con más seguridad. Es extraño que "Los repobladores" no lo hayan oído y no se hayan apoderado de él, pues yo, desde el otro extremo del pueblo lo oigo todas las mañanas durante un rato. Hace tiempo que no les oigo cazar, ni disparar ni pelearse entre ellos. Están muy callados y eso me preocupa.

Los bombardeos no han cesado y en la lejanía oigo como aplastan un pueblo tras otro. Ya no tengo miedo.

Cuando recuperé la compostura al llegar a la estación y hacer frente al infierno que allí había, mis piernas corrieron como poseidas en dirección a la parte superior del pueblo, dejando atrás todo el caos y la degeneración que se había anidado en él, para ocultarme en la oscuridad de una helada caverna.

Durante horas, las imagenes de cuerpos mutilados por las bombas y siendo devorados por los locos supervivientes llenaron mi cabeza, mientras aquellos descerebrados acorralaban a una madre y a su hija y las sodomizaban. Sus gritos de horror, de súplica, y el abrazo agonizante entre ellas ante la imparable consecuencia de aquel caos, las obligó a suicidarse antes de que el fatal fin llegara destrozar sus recuerdos.

"Los repobladores" son ocho y juro ante Dios que ellos no vivirán en el mismo mundo que yo. Ya no queda mucha gente en el pueblo y los que no somos de ellos vivimos ocultos.

Soy David y aquella madre era mi esposa y aquella hija era mi hija. No sé cómo y no sé cuándo, pero lo que si sé es que acabaré con ellos uno a uno.

Debo dejar de hablar o me descubrirán. No sé cuando volveré a hablar, pero espero que en mi próxima comunicación te cuente alguna de sus muertes.


Yo no sé a vosotros, pero a mi hay algo que me llama especialmente la atención de este compañero. He escuchado decenas de reportes con centenares de historias diferente. Y lo que me ha llamado la atención, es la obsesión del ser humano por reunirse en grupos para hacer el mal y hacerse con el poder, y además dar nombre a esos grupos de criminales. Los Cazadores, Los Repobladores, La Fuerza Nueva... Dios, me da asco pertenecer a esta especie, de verdad.

Bueno, os dejo, que tengo que terminar de leerme el libro con el que estoy ahora liado. Supongo que todos lo conocéis. Se titula La Fundación, de Isaac Asimov. No está mal, aunque tiene un comienzo un poco aburrido.

Espero que a mi vuelta no tenga que contaros malas noticias. Mientras tanto, ya lo sabéis. Soy José Antonio. No estais solos y yo estoy emitiendo desde el otro lado.

miércoles, 23 de diciembre de 2009

Desde el otro lado. Entrada V

Hola de nuevo. Siento haber tardado tanto en transmitir, pero tenía varios trabajos atrasados que no podía dejar de lado.

Sigo recibiendo miles de reportes desde mi vieja radio, y ninguno de ellos porta buenas noticias. Barcelona se ha convertido en un caos. Los nacionalismos han invadido las ruinas de la ciudad condal, y si sus habitantes no tenían suficiente con defenderse de los asaltadores, atracadores, violadores y demás alimañas humanas, ahora tienen que pelearse también con los energúmenos políticos. ¿Es que no se dan cuenta de que la política no nos va a llevar a ningún lado en estos momentos?

Un tal Joan me ha contado que ayer un grupo de exaltados "españoles" la tomó con una familia que se encontraba escondida en un pequeño videoclub, solo porque en el pasado habían mostrado banderas catalanas en su comercio, y según ellos, eso estaba en contra de los ideales que hoy gobernaban España. Están locos. No entiendo a mi propia especie. Han matado al padre y al hijo mayor del matrimonio, y a la mujer y la hija de dieciséis años, las han violado hasta matarlas.

Como dije, desde que ofrecí mi último reporte no he dejado de trabajar. Os conté que el polvo que inunda la atmósfera estaba provocando que mis acumuladores solares no recogieran la energía suficiente que necesitaba para al menos mantener el huerto en condiciones. Pues bien. Eso al menos ya lo he solucionado en parte.

Aunque es muy aburrido os lo contaré, ya que no tengo nada que relataros excepto mis penas y mis miserias y quizá os sirva de ayuda por si tenéis acceso a algo parecido.

Antes de que todo esto sucediera, yo trabajaba en el alumbrado público de la capital, por lo que algunos conocimientos generales de electricidad tengo almacenados en mi ínfima sabiduría. Cerca de mi casa, hay una gasolinera de Bp, de esas que siempre estaban presumiendo de que sus instalaciones eran cien por cien limpias y era completamente abastecidas por energías renovables. Pues bien, la verdad es que no mentían. Sus enormes paneles solares situados en el techo de la misma y la gran torreta eólica de la que estaba provista, abastecerían con tranquilidad a un pequeño bloque de edificios como en el que yo estoy instalado. Sabiendo esto, forcé la entrada al cuadro de mandos del surtidor y entré en la oscuridad de aquella húmeda habitación.

Era de noche, por lo que hasta que no cerré a cal y canto aquella puerta, no me atreví a encender ni una simple vela para poder empezar el trabajo que me había propuesto a terminar ese mismo día. Cuando por fin encendí la linterna, fue cuando me di cuenta de la locura que estaba dispuesto a hacer. ¡Eso parecía una puta central nuclear! Miles de cables salían del suelo de aquel cuadro para subir por las bandejas metálicas e introducirse en los más de veinte acumuladores de los que estaba provista aquella miniestación. Dos grandes motores de gasolina estaban preparados allí para por si algún día había algún problema con el suministro principal, tirar de ellos hasta subsanar el problema. Es decir, sin luz, no se iban a quedar, ya que en una gasolinera otra cosa no será, pero gasolina hay toda la que quieras.

Estudiando todo lo que allí me rodeaba, me di cuenta de que no tenía ni idea de como iba a afrontar lo que se me había ocurrido para llenar mis reservas de energía con semejante locura de cables a mi alrededor. Pero no me vine abajo y comecé a explorar todo lo que mis ojos eran capaces de ver. Estudié los diversos hilos que entraban y salían, observé con detenimiento hacia dónde se dirigían dichos cables y cuales podían ser las funciones de cada uno de los botones de los que estaba dotado aquel cuadro de mandos venido del futuro.

Al final, pasé a lo más obvio y sencillo. Me fuí con cuidado a la entrada a la tienda de la gasolinera, y busqué el cuadri interior de abastecimiento. Una vez localizado, seguí de nuevo su canalización, hasta que descubrí que todo aquel afluente de cables, convergía en una pequeña arqueta situada en la acera más próxima a la carretera principal. Eso, pensé, era lo que yo necesitaba para salir del apuro.

Hace varios meses que el alumbrado público de la ciudad no e usa, por lo que ni corto ni perezoso y armado de paciencia, me dediqué a extraer de las arquetas de los alrededores todos los vanos de cale que me fue posible, ya que más adelante esos serían los que tendría que utilizar para puentear las salidas de la energía de los acumuladores de la gasolinera y llevar esa misma energía hasta el cuadro de mandos o los acumuladores de mi edificio. Al menos en teoría sería bastante fácil.

Comencé a sacar cable de cobre de las arquetas como un loco. Después de terminar, tenía cable suficiente como para llenar un hangar de aviones. Hace tres años si me hubiera visto la policía me habría detenido por pertenecer a alguna banda organizada que se dedicaba a vender el cobre a las chatarrerías ilegales. En esa época el kilo de cobre pelado llegó a costar casi siete euros. No es de extrañar que familias enteras salieran por la noche a hacer batidas sin importar el barrio que estaban dejando sin luz.

Dejando el cable bien enrolladito en el cuadro de mandos, comencé a explorar la supuesta canalización que iba a utilizar para llevar todo el cableado hasta mi casa. Había tenido suerte. La canalización que iba por debajo de la acera para alimentar las farolas de la calle, pasaban justo por delante de mi puerta y encima, se metían en mi propia finca. Tendría que levantar la tierra de lo que antaño fue el jardían, pero no me importaba, tenía que terminar el trabajo cuanto antes.

Así que aquí estoy. Tengo casi liquidado el problema de las canalizaciones y tan solo me queda meter todo el cable por las mismas y traerlo hasta aquí, hasta mi casa. Una vez lo haya conseguido, creo que todo será coser y cantar, porque lo único que tendré que hacer será separar los circuitos de nuevo y recalcular el abastecimiento de energía, para no quemar los congeladores de comida que poseo.

Ya os seguiré contando mi aventura. De momento, me voy a dormir que mis ojos no me dejan seguir hablando.

Y recordad. No estais solos. Soy Jose Antonio y estoy emitiendo desde el otro lado.

martes, 22 de diciembre de 2009

Información sobre "Desde el otro lado"


Queridos seguidores de este Blog. Si habéis seguido de forma continua los relatos que aquí se han ido mostrando, os habréis dado cuenta de que uno de ellos se sale de lo normal en cuanto a la manera de narrarlo. Este no es otro que Desde el otro lado, una historia apocalíptica que cuenta las vivencias reales de un superviviente de la tercera guerra mundial a través de su único contacto con el mundo exterior, una radio de onda corta. Pues bien,a partir de hoy, todas las entradas que disfrutaréis con el título anteriormente citado, serán reportadas desde diversos lugares del mundo, ya sea la Argentina, México o Perú, pasando por Suiza u otros lugares de España.
Esto será posible gracias a las grabaciones efectuadas por Jose Antonio, el superviviente de algún lugar del sur de Madrid, que poco a poco, las irá mostrando al mundo para que todos aquellos que estén usando la radio como medio de difusión de lo que pasa en este mundo, entiendan y aprendan de las vivencias de todos los que enviarán sus reportes a este héroe solitario y seguido por miles de personas en todo el mundo.

Todos los reportes serán reales, y enviados por sus propios protagonistas y Jose Antonio tan solo será un mero conductor de las historias, un presentador improvisado.

Solo espero que os gusten las nuevas tramas que se verán vertidas en este Blog, y si alguien quiere después dar las gracias por las historias, que recuerde estas palabras:

No están solos. Emitiremos siempre Desde el otro lado.

Desde el otro lado. Entrada IV

Hola a todos. Aquí estoy de nuevo intentando hacer más fácil la soledad a la que nos hemos condenado. Solo espero ver pronto a alguien en quien pueda confiar, porque la soledad de la que os hablo está haciendo estragos a mi mente.

Hoy voy a hablaros de un reporte que he recibido que me ha dejado sumamente preocupado. No sé qué significa, no sé a qué se refiere, y sinceramente, me ha metido el miedo en el cuerpo.

Hace unos días os hablé de un superviviente de Argentina. No entré en detalles, ya que yo tampoco tenía muchos sobre él, ya que la única referencia suya que poseía fue un escueto: "Saludos desde la Argentina. Mi nombre es Larmdh, y, créeme, no estás solo. Sigue con el trabajo que realizas, ya que estás llevando la esperanza a muchos hogares de La Tierra."

Bueno, es un más que escueto mensaje, pero la verdad es que no decía mucho, tan solo que en Argentina habían supervivientes, no sabía si muchos o pocos, pero alguno quedaba. Bien. Pues anoche por fin pude hablar con él, y lo que contó, aunque por un lado me llenó de esperanzas, por otro dejó un poco mermada la moral de mi espíritu. Os cuento.

La cosa por Argentina, según me contó Larmdh, no estaba tan mal. Él, como muchos otros, vive en un refugio junto a otras tres personas. Se dedicaban a servir de base de operaciones y de enlace entre unas cincuenta familias que trabajaban el campo como una cooperativa, en un territorio de unos mil seiscientos kilómetros cuadrados. Se comunicaban a través de una radio de onda corta y algún que otro walkie talkie de medio alcance, siendo mi nuevo amigo el eje central de todas las transmisiones. Pero en las últimas semanas, perdieron el contacto con todas ellas por lo que se quedaron solos sin saber la razón de aquella desaparición.

Tras varios días de caos e incertidumbre debido a los contínuos bombardeos de la zona, pudieron salir de su escondrijo, hasta que, afortunadamente, lograron restablecer el contacto con diez de aquellas familias. La mala noticia fue que éstas habían tenido que lidiar con varias bandas de desaprensivos como las que pueblan Madrid. Por lo que veo, la maldad mora en toda la superficie de la Tierra, y da igual en donde nos encontremos o la cultura a la que pertenezcamos. La maldad siempre sale a flote.

Por lo que me narraba Larmdh, estos salvajes actuaban como en la antigua Edad Media europea. Abusaban de las pobres familias robándoles sus reservas de comida, y, cuando se quedaban sin ellas o sus víctimas alegaban que no les quedaban casi provisiones, las bandas les obligaban a buscar más, o a doblar la producción de la misma para luego quedarse ellos con toda la cosecha.

La banda de salvajes, se hace llamar Los Cazadores, y a pesar de que no tienen mucha información sobre cuantos son o si están organizados, saben que al menos sí que están armados y no tienen ninguna clase de escrúpulos.

Me siguió contando, que hace tres días decidieron acabar con el problema de raiz, ya que suficiente tenían con intentar seguir con vida sin que nadie les bombardease, como para tener que aguantar a varios energúmenos sin poder hacer nada al respecto. Si la muerte les iba a ir a buscar, lo haría igualmente tarde o temprano, por lo que acordaron estar preparados la próxima vez que aparecieran.

Sabían que cada seis o siete días, aparecían por allí pidiendo su parte del diezmo dos o tres miembros de la banda. Se acercaban de poco en poco, según Larmdh porque el terror había hecho mella en las familias, y pensaban que estas no tendrían el valor suficiente para atacarlos. Pero estaban equivocados.

Larmdh y otros dos compañeros esperaron agazapados entre la maleza de uno de los caminos que conducían a una de las fincas de la comunidad. Al poco tiempo, escucharon el sonido inconfundible de cascos de caballo a lo lejos de la calzada de ripia. Las dos figuras orgullosas sobre sus monturas, no eran conscientes de lo que les iba a pasar a continuación. Al pasar a su altura, los tres argentinos se abalanzaron sobre sus acosadores, convirtiendo su mayor número y la sorpresa, en factor determinante para ganar la pequeña batalla. Después de que el polvo se diluyera del ambiente, uno de los caballos, asustado, echó a correr por donde había venido. Mala señal, ya que alertaría a los otros de la pérdida de sus jinetes.

La mala noticia fue que uno de los compañeros que formaba parte de la emboscada, reconoció a uno de los Cazadores como el violador de una de sus hijas, y la rabia contenida salió a flote de su cuerpo y allí mismo, enardecido por las circunstancias, la tomó a golpes con el asustado pandillero y acabó con su vida en ese mismo instante, sin dejar tiempo a sus compañeros a que lo separaran de su víctima.

Desde mi posición, no siento ninguna lástima por aquel desalmado. Bien muerto está. Las palabras salidas de la boca de Larmdh al contarme la furia de aquel amigo mientras acababa con la vida del pandillero, me hizo recordar el caso de Ida, la pobre superviviente de Getafe que tuvo que soportar las vejaciones de cinco niñatos que no paraban de golpearla mientras ella rezaba por no quedar embarazada. No la importaba morir allí mismo, simplemente no quería quedarse encinta. No sé nada de ella, prometió volver a hablar conmigo pasados unos días, pero aún no lo ha hecho.

Al menos, me contó Larmdh, logró sobrevivir uno de los acosadores, muy lastimado eso si, pero lo suficientemente vivo como para poder sacarle algo de información sobre sus amigos. Localización, número de miembros, armamento... ese tipo de cosas.

Además de hacerse con las armas de aquellos salvajes, tambien consiguieron un caballo. Para ellos es algo increible, ya que desde hace semanas es imposible encontrar ni siquiera una simple gota de gasolina, por lo que un caballo que les ayude a reducir el tiempo entre las distancias de las haciendas, es una ayuda caida del cielo.

Se han hecho con la zona, que era suya por derecho, pero ahora yo tengo miedo de que aquellos a los que han atacado vuelvan con mas fuerza a cobrarse lo que les han robado. Al menos se ha hecho justicia y Larmdh y sus compañeros están mas alegres y confiados. El poder que te da un par de armas cambia las circunstancias de cualquiera. Solo espero que no tengan que usarlas.

Ahora llega lo que os avisé que me tenía desconcertado. Larmdh me habló sobre imágenes de soldados que aparecían y desaparecían de repente, luces extrañas, personas agonizantes en medio del campo que de repente, desaparecían del horizonte como por arte de magia y sonidos espeluznantes en mitad de la noche, que con la misma velocidad a la que llegaron, se iban, sin dejar una pista de dónde provenían.

Larmdh me ha hablado de la posibilidad de que los ejécitos bombardearan las zonas con algún tipo de arma bilógica, aunque me ha expresado su paranoia aduciendo que esta es causada por su afición a los cómics, a mi me ha dejado un ligero amargor en el cielo de la boca, ya que no me parece para nada descabellada aquella idea, solo que aun no he oido a nadie hablando sobre nada de eso.

Espero que todo vaya bien. Ya por fin he conseguido arreglar los paneles solares y estoy a punto de conectar la torreta eólica de la gasolinera de al lado de mi casa con el suministro eléctrico que abastece mi "hogar".

Aquí todo sigue igual. No se ve ni un alma por las destartaladas calles y el sol aun no ha hecho su aparición en varios días. Este maldito polvo no se lo lleva ni un puto huracán. Espero que no dure mucho más así, ya que al final mis reservas de comida van a caer en picado, al no ser que idee algo con lo que solucionar el problema de abastecimiento de luz solar para mis hortalizas.

Acaba mi transmisión. Soy José Antonio, y estoy transmitiendo desde el otro lado.

lunes, 21 de diciembre de 2009

Desde el otro lado. Entrada III

Ha pasado una semana y la cosa no mejora. He recibido múltiples mensajes de distintos puntos del mapa español, todos comentándome el mismo suceso. Los poderosos han vuelto a bombardear las zonas insurgentes. España se ha convertido en un mar de gritos, llantos y sollozos.

Yo, tengo la suerte de estar en un lugar literalmente arrasado y vilipendiado, por lo que supongo que los que mandan los bombardeos han dejado de lado esta zona pensando que no hay supervivientes. Pues se equivocan.

Pontevedra, Oviedo, Barcelona, Teruel, Almería y Cáceres han sido de nuevo atacadas con gases y bombas, y Madrid y sus alrededores ha saltado por los aires por culpa de algo que nadie me ha sabido explicar. Un haz de luz de color verde, surcó el cielo y reventó literalmente la superficie de la ciudad. Aun estoy conmocionado por la noticia.

Para colmo, mis reservas de comida están descendiendo por culpa de este negro cielo que cubre casi toda la superficie de la Tierra. Toda la atmósfera está cubierta por una espesa capa de polvo, lo que dificulta que mis plantas crezcan de manera sana, además de que inutiliza mis paneles solares y no me permiten recoger la energía necesaria para llenar mis acumuladores.

Mientras trato de arreglar los desperfectos que los fuertes vientos provocan en mis huertos, tengo que mantenerme contínuamente alerta, por miedo a lo que me pueda asaltar mientras trabajo. Escuchar las historias de la gente me está volviendo paranoico.

Ayer, mientras preparaba el plan para asaltar una gasolinera BP cercana a mi edificio, estuve escuchando los mensajes que se enviaban dos supervivientes de Puertollano, Ciudad Real.

Uno de ellos se encontraba refugiado en una de las antiguas minas de carbón situadas a las afueras de la ciudad. El otro estaba atrapado dentro de su propia finca, rodeado de perros salvajes.

El segundo contaba como las manadas se habían vuelto cada vez más agresivas e inteligentes. Cada pocos minutos alguno de los miembros de la misma se acercaba a probar las defensas de la finca, en busca de alguna fisura por la que colarse y conseguir algo de comida. En la última incursión que realizaron, atacaron a su hija pequeña, que tenía sólo tres años.

Contó como la niña estaba jugando en el pequeño patio del que estaba provista la casa. Mientras él limpiaba su coche y ponía en orden todas las provisiones que tenía en su poder, la niña corría de aquí para allá entreteniéndose con todo lo que encontraba. El hombre relataba como la había avisado mil y una vez de que nunca se acercara a las barricadas de las fachadas, que eran peligrosas. Desde fuera parecía que el edificio se había venido abajo, pero nada más lejos de la realidad. EL hombre trabajaba para una empresa de demoliciones, y se las había apañado para formar una barricada casi natural, que simulaba un derrumbamiento y alejaba a los indeseables de su puerta por miedo a que se viniera todo abajo.

Pero la chiquilla no conocía ni el miedo ni el peligro, y jugaba ajena a lo que pasaba fuera de la seguridad de su hogar. Sabía que tras aquel montón de escombros estaba todo lo malo con lo que soñaba por las noches. Sabía que allí era donde vivían los monstruos que aullaban por las noches y la obligaban a dormir con su papá por miedo a que entraran y la comieran mientras dormía. Pero la curiosidad en los niños y en los gatos a veces es peligrosa, y en otras ocasiones, mortal.

Mientras jugaba con una mariposa que no paraba de revolotear por el patio, la niña saltaba y corría por todos los lados, asustando a las gallinas que no dejaban de huir asustadas por los brincos de esta. Su padre, absorto con el acicalamiento del motor del coche, escuchaba sin levantar la cabeza el cloquear aterrorizado de las gallinas, señal inequívoca de que la niña estaba haciendo alguna de las suyas.

Su mujer había muerto hacía unos meses en el primer ataque a la zona con bombas de racimo. Se encontraba con él recogiendo semillas de hortalizas en un supermercado abandonado en el centro del pueblo cuando uno de los proyectiles cayó a pocos metros del centro comercial. Los escombros la sepultaron a ella y a una de sus hermanas. El hombre estaba situado algo alejado del pasillo donde estaba su mujer, y salió ileso del ataque. Intentó sacarla de entre los cascotes de cemento y los hierros oxidados de la estructura, pero sus intentos fueron infructuosos. La cabeza de su mujer se había convertido en una espesa pulpa carmesí bajo un enorme trozo de escombro desprendido del tejado. Desde entonces se había jurado vivir solo para proteger a su chiquilla.

Pero su despiste con el vehículo lo pagaría caro por causas que él mismo aun no puede explicarse. Le contaba a su interlocutor cómo su hija, persiguiendo a la mariposa, dejó de prestar atención a sus sentidos. Las gallinas ya no estaban a su alrededor revoloteando asustadas. Solo estaba acompañada por el mudo sonido del batir de las alas de la mariposa, que se posaba en un sitio y otro, escapando de las regordetas manos de la muchacha.

Cuando su padre escuchó el grito de su hija, todo lo que le rodeaba se volvió negro. En su carrera hacia el origen del sonido pateó varios cuerpos rollizos voladores, y tiró varias tinajas de agua al suelo, pero de todo esto sólo fue consciente más tarde, cuando el cuerpo inerte de su hija yacía sobre sus brazos, completamente ensangrentado. Estaba hecho un guiñapo, y descansaba sobre el pecho de su padre en una extraña postura digna de un cuadro de Dalí. Le faltaban parte de una mejilla y todo el lado derecho de la cara, además de uno de los brazos y media pierna, sin contar con los trozos de carne que ya no estaban en los sitios en que debían estar.

El padre relataba como tuvo que enterrar a su hija en el patio donde la vio correr tantas veces, con sus propias manos como penitencia a su grave error. Sus palmas estaban llenas de sangre mezclada con la tierra de su refugio y ahora tumba de su única conexión con el actual mundo.

Explicó que su hija se había puesto a perseguir a la mariposa por todo el patio, hasta que sin darse cuenta se acercó a la barricada. No sabe realmente qué pudo pasar, pero sospechaba que en una de las zonas más bajas de los escombros, la mariposa se había debido de meter, y la niña la siguió sin importarla hacia dónde iba. Escurrió su pequeño cuerpo por entre los hierros y las maderas hasta que llegó a alguna bolsa de aire bajo los escombros.

Los perros debían de haberla olido, y la esperaban mientras sus fauces se llenaban de espuma imaginando el festín que podían darse a espaldas del crimen que iban a cometer. Hasta que todo sucedió. La niña debió de sacar su manita por uno de los huecos para alcanzar al bello insecto, y se acabó. Los perros se hicieron con su cuerpo, y acabaron con la vida de la pequeña.

No sé nada más de la historia ya que el superviviente de la mina de carbón, contó que hacía días que no se comunicaba con el padre desconsolado, y temía por que hubiera cometido alguna estupidez, pero en el fondo lo comprendo. Tu propia hija, tu único vínculo con este asco de vida. Tu bálsamo contra la herida de esta sociedad que está desangrando su propio modo de vida. Ese ancla, muerto por tu involuntaria culpa, pero irremediablemente culpable de la misma.

No tengo ganas de hablar más. Saludos desde el otro lado.