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martes, 8 de diciembre de 2009

Viaje Jurásico



Por fin despiertas de tu viaje.Llevas mas de dos horas inconsciente, y tu cuerpo chorrea gotas de rocio de haber estado hasta este momento a la interperie. Te levantas, aturdido como si hubieras estado toda la noche bebiendo alcohol, y tu cabeza se resiente como si de una resaca se tratara.

Miras a tu alrededor, y te maravillas con la visión que te ofrecen tus ojos. Tú, un científico paleobotánico, estás en la era de los dinosaurios, en la era en la que la especie humana no era mas que un gen a punto de mutar en el ADN de un pequeño roedor.

El tamaño del bosque en el que te encuentras es asombroso. Enormes árboles tapan tu visión del cielo, pero tus oidos te permiten escuchar el hermoso sonido emitido por la garganta de algún tipo de pájaro jurásico. Las hojas de los helechos son del tamaño de una persona, y de un color verde que nunca has visto en ninguna otra planta de tu época.

Te aproximas a tu mochila, y te aseguras de que todo lo que has preparado antes de partir hacia aquí está en perfecto estado. Todo está en orden, hasta la comida y el sistema de GPS experimental que te ha proporcionado la Corporación. Te calzas la mochila al hombro, no sin antes vestirte con las ropas apropiadas para tu aventura, que con tanto empeño preparaste antes de salir.

El traje de silón, se te ciñe perfectamente al cuerpo, como si de látex se tratara. En ese mismo momento, el color negro originario del traje, comienza a tornarse del mismo color verde del que estás rodeado por tu entorno.

Echas un vistazo rápido del tiempo que te queda en esta era, y compruebas en el dispositivo de tu muñeca que te quedan tan solo veintitrés horas para reactivar la vuelta a casa.

Comienzas a andar, y el GPS te indica que te encuentras en lo que dentro de varios millones de años será Madrid, concretamente a treinta y tres kilometros de la capital, en la sierra de Guadarrama. Decenas de montañas que en un futuro estarán completamente peladas de vegetación, a excepción de algunos líquenes, hoy se encuentran repletas de vegetaciós espesa. Los insectos no paran de revolotear a tu alrededor, todos ellos, vistos por primera vez por unos ojos humanos.

Sigues avanzando y sales de la espesura del bosque de helechos, y lo que se abre ante tí, hace que tus piernas tiemblen de la emoción, y postres tus rodillas en el suelo, para poder disfrutar de lo que tienes ante tus ojos.

Un enorme claro, presidido por un lago de aguas transparentes, es el bebedero de una gigantesca manada de Apatosaurios, unos dinosaurios de tamaño medio, algo mas grandes que un humano, y con una boca semejante a la de un pato. Suspiras aliviado, sabiendo que este es un animal herbívoro. Mientras casi toda la manada está bebiendo tranquilamente en el agua, algún que otro macho vigila tanto la orilla, por si se acerca algún cocodrilo, como en los alrededores del bosque, por si algún carnívoro aparece y rompe la tranquilidad de la manada.

El cielo, es un calco del de tu época, con la diferencia de que además de estar lleno de pequeños pájaros, enormes Rhamphorhynchus surcan el cielo en círculos, en busca de presas potenciales, como peces jurásicos, y algún que otro animal muerto. Vuelves a respirar aliviado, ya que crees que este tampoco será el animal que provoque tu muerte.

Ya has pasado casi tres horas en este incierto mundo, rodeado de animales extintos hace millones de años, pero te parece que han pasado tan solo minutos...y tu búsqueda aun no se ha completado. Has gastado ya casi tres bloques de memoria realizando fotos, pero no te importa, merecerá la pena una vez vuelvas a tu casa desde esta era.

Avanzas tranquilamente por una senda natural dibujada entre la maleza, por la que deduces que normalmente deben de merodear dinosaurios como Gallimimus, o Compsognathus, ya que aunque las huellas son visibles a simple vista, tan solo puedes determinar que se tratan de animales poco peligrosos, de un tamaño aproximado de dos metros.

Sigues avanzando, pero con el rabillo del ojo sientes un débil movimiento acompañado por el sonido de las hojas secas al ser pisadas. Giras la vista, y, quieto como una estatua, oteas el lugar en busca de algún predador agazapado entre la maleza. Sin perder de vista ninguna de las zonas, y consciente de que tu traje mimetizante quizás sea inútil ante algún depredador de esta era, miras el aparato amarrado a tu muñeca en busca de cualquier señal calorífica que delate la posición de algún animal escondido entre la espesura. Pero las señales son negativas al respecto.

Con todos tus sentidos alerta, sigues avanzando, pero esta vez, mas rápido que antes, provocando que tu respiración se vaya acrecentando a medida que llegas al claro que se encuentra frente a tu vista. Al llegar allí, estás agotado, debido quizás a que la humedad del aire en esta época, es cercana al noventa y siete por ciento, gracias a la cantidad de vegetación que se encuentra a tu alrededor.

Desde tu posición, por fin vislumbras tu objetivo, un círculo de tierra removida, de un tamaño aproximado de dos metros de diámetro, y coronado por un círculo de tierra alrededor, colocado de esa manera seguramente para proteger los huevos de Carnosaurus que se encuentran en su interior.

Gracias al dispositivo calorífico de intensidad vectorial, compruebas si en los alrededores se encuentra la madre, recien salida en busca de comida, o tan solo es una trampa para todos aquellos animalillos, que, confiados por la ausencia de la madre, se acercan en busca de una pequeña fuente de proteinas, como pueden ser los huevos de estas especies.

Tras comprobar que ningun sensor detecta rastro alguno en los alrededores de fuentes de calor, sales de tu escondrijo, y avanzas muy despacio hacia tu objetivo, con la mano derecha aferrando la muñequera de emergencia, por si tienes que pulsar el botón de regreso de emergencia.

Sin romper el silencio de todo lo que te envuelve, tu cuerpo se mueve a la velocidad de la tortuga, pendiente de cada sonido del exterior, como un felino que acecha a su presa. Cuando por fin estás sobre el nido, te percatas de que no estás solo. Un dinosaurio de alrededor de dos metros de alto, verde, y con unas motas de color rojo en la espalda, semejantes a las marcas de los leopardos, vigila tus movimientos, mientras tu mirada se clava en sus ojos, y tus músculos se ponen tensos como la goma de un tirachinas.

El bicho, enorme, avanza hacia tí, lentamente, y te percatas de que sus movimientos se asemejan a los de una gallina, pero de un peso aproximado de doscientos kilos. De repente se para, y su cabeza comienza a girar a un lado y a otro, como si algo la hubiera puesto en alerta, pero no es lo suficientemente rápido.

El Carnosaurio irrumpe de entre los árboles, y con un golpe de su cuello, levanta con su enorme mandíbula al Oviraptor, y sacude sus fauces como si fuera un tiburón, arrancando las articulaciones de su sitio, y haciendo un ruido brutal, que provoca que todos los pelos de tu cuerpo se ericen de la impresión.

Pero eso no es todo, ya que tú, ensimismado con lo que acaba de suceder a apenas nueve metros de tí, percibes con el rabillo del ojo como las hojas del árbol que está a tu espalda comienzan a parpadear. En una décima de segundo, comprendes que el sistema de camuflaje natural que utiliza este Carnosaurio, puede competir frente al tuyo artificial, sin que por ello quede por debajo de lo que se espera de él.

Intentas sin éxito apretar el botón de emergencia, pero eres demasiado lento, algo que en el futuro habrá que mejorar si alguien vuelve a venir a esta era. Sus dientes atraviesan la carne de tu muñeca y llegan hasta el hueso, escuchando el horrible sonido de los huesos al frotarse unos con otros. Intentas chillar, pero el animal levanta su pata derec

viernes, 13 de noviembre de 2009

El Experimento - Final -

Después de cerca de diez minutos corriendo sin parar, atravesó el arco que daba la bienvenida a las tierras de sus padres, y parándose un momento para coger aliento, arrancó a correr de nuevo subiendo la pendiente de la colina.
Cuando llegó arriba del todo, por fin apareció la fachada de su casa. Su corazón se tomó un respiro, y se adentró en el rellano de su casa.
Oyó a su madre extrayendo agua del pozo, y a su padre como siempre, dando vueltas de una de las bibliotecas a otra, como si fuera un antiguo filósofo griego, poniendo en orden cada una de las teorías ubicadas en su cabeza.
Su padre advirtió su llegada, y dejó de dar vueltas para darle la bienvenida. Pero la cara de su hijo, y la sangre de su barbilla, hizo que la expresión de su padre cambiara por completo.
Máximo, que así se llamaba su padre, le preguntó a Marco qué le había pasado, y este, con grandes aspavientos, comenzó a explicarle con todo lujo de detalles, lo acontecido en el campo de olivos.
Cuando el relato tocó a su fin, la cara de Máximo estaba más cercana a la del asombro, que a la de preocupación.
Después de sentarse en el banco de granito del porche de la casa, Máximo se quedó pensativo, y al cabo de un momento, le pidio a su hijo el manuscrito, y le reclamó que le contara qué es lo que tanto le había asombrado. Marco, negando con la cabeza, le señaló a su padre el manuscrito, y le hizo entender que lo averiguara él mismo.
Su padre, con la determinación de un relojero, manipuló con sumo cuidado el libro, y empezó a contemplar aquella extraña obra. Determinó que aquello no había sido hecho por ningún librero de la ciudad, ya que no conocía a ninguno que tratara la resina de esa manera, para pegar las hojas una por una en la parte de arriba de las mismas.
El chiquillo, nervioso por la tardanza de su progenitor, le quitó de las manos a su padre el objeto de estudio, y le señaló que dejara de entretenerse con eso, y procediera al contenido del mismo.
Al abrirlo por fin, sus ojos se quedaron completamente fijos en el mismo sitio que una hora antes, se habían posado los de su hijo. Y entonces comprendió con asombro que el pequeño no le había engañado, y que realmente lo contenido allí, había que esconderlo cuanto antes. Sus ojos, fijos en las cifras, estaban fuera de sus órbitas, y sus sienes, latían con absoluta rapidez bombeando sangre en su cerebro.
Sus ojos, se asombraron al contemplar lo mismo que había visto su hijo:

4 de Julio de 2008.

Se levantó de repente, y su corazón, explotó al no poder aguantar la presión ni la velocidad de bombeo de su sangre, y allí mismo se desplomó, en los mismos brazos de su hijo.
Marco no tuvo tiempo de llamar a Claudia, su madre, tan solo pudo abrazar el cuerpo de su padre y llorar implorando que no se muriera, que no se preocupara, que todo saldría bien.
Recogió con dulzura la cabeza de Máximo, y se la apoyó en sus rodillas, llorando como si ya supiera el final que le esperaba a su progenitor. Pero este, lejos de darse por vencido, reunió todas las fuerzas contenidas en su cuerpo, y las focalizó en el centro mismo de su garganta, para decir a su hijo, una frase que Marco, nunca olvidó hasta el final de sus días:

-Esconde el manuscrito. No dejes que los hombres de Julio César lo encuentren

El Experimento - Parte 4 -

Algún lugar en las afueras de Roma

El paisaje que rodeaba a Marco, era precioso, inundado de olivos y campos de trigo, y el cielo estaba tornado de color rojo, debido al efecto que provocaba el reflejo del sol al desaparecer por la línea del horizonte del país.
El chico caminaba por el cielo pedregoso, con sus sandalias nuevas, y disfrutando de la brisa que golpeba suavemente su cara, haciendo que se colara a través de la parte de arriba de su camisa blanca de seda, cosida por su misma madre con toda la pericia almacenada durante los veinticinco años que llevaba cosiendo y tejiendo para la familia.
De repente, el vello de su nuca se erizó, y comenzó a sentir como sus oidos se taponaban lentamente. La suave brisa se tornó en huracanado viento, y el cielo que hasta ahora se encontraba despejado, empezó a nublarse formando un remolino encima de la cabeza de Marco.
Este echó a correr asustado, con el miedo atenazándole las piernas. El sonido de las hojas y las ramas de los olivos entrechocando unas con otras, ensordeció el ambiente, y Marco sintió como su barbilla empezaba a humedecerse. Se pasó su mano por la boca para limpiar ese sudor que le mojaba la barbilla, y se asustó al comprobar que lo que le corría por la boca no era sudor, sino sangre, y advirtió, no sin antes dejar escapar un pequeño grito de su garganta, que la sangre, procedía de su nariz.
De repente, a lo lejos, un rayo partió un árbol distante, pero no tan distante como para evitar que el chiquillo se viera impulsado hacia atrás por la onda expansiva provocada al impactar la descarga eléctrica contra el suelo.

Se sentía mal, mareado, le fallaban las piernas, y las náuseas atenazaban con hacerle vomitar las uvas negras que había ingerido apenas unos minutos antes.
Intentó levantarse, pero las fuerzas le habían abandonado. El viento se había convertido en un huracán y el cielo estaba completamente negro, cubierto por inmensas nubes que se iluminaban a cada segundo demostrando la actividad que había por encima de ellas.
En un momento que en el futuro Marco no pudo determinar, el cielo se abrió de repente bajo un sonido aterrador. Sonaba como si diez mil cascadas de miles y miles de metros de altura estuviesen vertiendo toda el agua contenida en ellas, a escasos centímetros de sus oidos. Y entonces, en un período de tiempo que la cabeza de Marco no pudo calcular, una enorme explosión borró del cielo todas las nubes que contenía, y la calma volvió a apoderarse del paisaje de las afueras de Roma.
Marco intentó levantarse, pero sus piernas le dijeron que de ahí no se movería en un buen rato. Sus ojos lloraban del miedo que habían contenido, y sus oidos le gritaban que por favor desapareciera ese zumbido que se hallaba alojado en cada uno de sus tímpanos.
Se pasó la mano por delante de sus ojos, y con la manga de su camisa, se limpio la boca, dejándose un restregón en el hoyuelo de su barbilla.
Ahora podía ver. Y lo que vió, le tenía fascinado.
Todo había vuelto a la tranquilidad en cuestión de nanosegundos, una medición de tiempo que su cabeza no podía llegar a comprender. Parecía que no había pasado nada allí, y el único testigo de que sí que había ocurrido aquello, a parte de Marco, era el olivo que se encontraba a lo lejos, y que minutos antes estaba entero, y ahora permanecía allí con un temible tajo en el mismo centro de su tronco, haciendo que su forma asemejara a las orejas de un conejo separadas entre sí, colgadas a ambos lados de la cabeza del animalillo.
Por fin, no sin antes notar como sus piernas no hacían mas que temblar sobre sus sandalias, el chico se levantó. Sentía seca su boca, y un homigueo recorría su brazo desde la mano derecha, hasta la altura del codo, lugar donde había impactado en el suelo al caerse debido a la explosión.
Pero en ese mismo instante, se dio cuenta que no era el único testigo de lo acontecido segundos antes. A una distancia de unos veinte codos, un enorme agujero del tamaño de un abrevadero para caballos, presidía el camino por el que había venido andando hasta este lugar. Los bordes del agujero estaban completamente quemados, como si una impresionante hoguera hubiera sido apagada allí mismo, y alrededor del boquete, desperdigados por el suelo, cientos de trozos de tierra, hierbas, raices y un pequeño topillo completamente chamuscado que, pensó Marco, tambien había sido testigo del suceso.
Marco se acercó al borde del hoyo, y se quedó aun mas boquiabierto que antes, al vislumbrar el contenido del agujero.
El fondo cubierto de tierra, estaba gobernado por una mano completamente negra, aferrada firmemente a algo parecido a una ramita de madera, pero perfectamente pulida, y terminada en una punta de color negro que no quiso ni tan siquiera acercarse a comprobar qué era realmente. Cerca de la mano, y con el borde derecho calcinado, se encontraba lo que Marco creia que era una especie de manuscrito extraño, de color amarillento, y del tamaño de una cuarta mas o menos.
Marco, con todo el cuidado que le suplicaba que tuviera su subconsciente, se adentró en el círculo tan extraño, y posó sus rodillas en la tierra para poder alcanzar el manuscrito. Apartando su mirada de la mano sujeta a la rama de madera, estiró todo lo que pudo sus brazos para alcanzar el preciado tesoro. Un fuerte pinchazo punzó su codo de dolor, pero no evitó que la curiosidad del momento ganara la partida al sufrimiento que le ocasionaba el golpe de su brazo.
Lo cogió despacio, y las yemas de sus dedos comprobaron la tibia temperatura que tenía la superficie del objeto.
Se alejó del agujero, y miró de soslayo de nuevo aquella mano alli tendida. Sus ojos no le dejaron seguir mirando, y rápidamente apartó su mirada, no sin antes reconociendo en uno de los dedos de aquella mano, un pequeño aro de oro alojado en el mas cercano al pequeño de los mismos.
Se sentó alli mismo, encima de una roca, y observó detenidamente el manuscrito. Estaba hecho de un tipo de papiro muy extraño de color blanco. Sus hojas, estaban unidas con alguna clase de resina en la parte superior, y su parte delantera era de color azul, oscurecido por el efecto de algo que Marco no sabía determinar.
El chiquillo, con un cuidado extremo, gracias a la delicadeza con la que su padre le había adiestrado en el manejo de los libros, pasó cuidadosamente hacia arriba la primera de las hojas del manuscrito, y su cabeza, se volvio loca al contemplar con asombro lo que alli contenía.



El encabezamiento del escrito estaba compuesto por las mismas letras con las que él había aprendido a leer y escribir, pero su orden, era extraño, ya que no entendía nada de lo que allí ponia. Nada, excepto la segunda palabra que empezaba el manuscrito, y las dos cifras que proseguían.
Marco, asustado, tiró el libro contra el suelo, y salió corriendo como si un atleta de la antigua Marathon le hubiera poseido,en dirección a su casa. Pero, cuando ya llevaba recorridos casi veinte metros, se paró, y, pensándolo mejor, dio la vuelta,recogió el manuscrito del suelo, y volvió a correr en dirección a casa.

El Experimento - Parte 3 -

00:04 PM

El propulsor de electrones está realizando un bombardeo continuado, y el ordenador nos indica que todo va según lo previsto.
Me informa el Doctor Frinks, que el número de hutrones reactivos por segundo, es superior al calculado durante las pruebas de simulación, pero creemos que es debido a la temperatura de los tubos de condensación, ya que no calculamos la velocidad de calentamiento de los mismos, pero creo que aun así, tenemos margen de cobertura suficiente para poder seguir sin correr ningún riesgo.

00:12 PM

Los cristales aguantan bien, y la solución de la que están imbuidos, está aguantando perfectamente las embestidas de los protones y los neutrinos.

Algo no va bien. La doctora Alea me informa de que el vidrio de todos los objetos del laboratorio se está volviendo de color negro. ¿Qué significa esto?

00:14 PM

Los papeles han empezado a arder de repente, y los ordenadores se están volviendo locos.
Le he pedido al Doctor Monroe que aborte el experimento, pero los controles no responden....
Me siento mareado, y tres de los ayudantes han empezado a vomitar un líquido de color verde que nunca antes había visto.



Mi cabeza da vueltas, y creo que esto es mala señal. No funciona ningún dispositivo de cancelación y todas las luces del laboratorio se han apagado por completo, tan solo el resplandor que se filtra a través del cristal de pruebas me ayuda a seguir escribiendo.
No pedo segur contrlndo mis movimnts músculares, me tmbln las prns y el corrrrrzón me lte a una vlcd extre...
Ya nad prmance de pie, y creo que esto va a expltr, la luz dlrayo a lotro lado del gristl ciega mis ojs, y cada vz es masintnsa, esto va a explotar os pido perd..........

El Experimento - Parte 2 -

23:50 PM

Quedan sólo diez minutos, pero estoy muy nervioso. Hemos hecho miles de simulaciones, y ninguna nos ha pronósticado error alguno, sólo éxitos. Y eso, llena de orgullo a cualquiera. Ya he preparado mi cuaderno de notas en mi centralita , para tomar todas las mediciones posibles durante la prueba. Aunque los súperordenadores harán su trabajo, no pienso perderme ni un sólo detalle, y tengo intención de dejar constancia hasta del número de gotas de sudor que se resbalarán por la sien derecha del Doctor Monroe mientras dure la secuencia de bombardeo de hutrones.
Ya hemos metido las botellas de champagne francés en la nevera, y he preparado una copa en cada uno de los puestos de los integrantes de la prueba. Y yo mismo he pagado la factura, un Moet-Chandon que me ha costado buena parte de mi sueldo, pero que gustosamente ofreceré, ya que la ocasión merece eso y mucho más. Lástima que no hayamos encontrado a tiempo la langosta y el caviar.
Bueno, suena la campana.
En este momento comienza el experimento.

Hora: 00:01

Todo acaba de comenzar.
Las lecturas indican que la temperatura en el interior del recinto es igual a la que emitirían tres soles a la vez, ubicados en la misma órbita y separados tan solo por una distancia de tres mil kilómetros.

El Experimento -Parte 1-



Ginebra 6 de Julio de 2008

23:30 PM

Estamos a punto realizar el mayor experimento que el hombre jamás ha intentado, después de aterrizar en la Luna, y el Laboratorio se encuentra en un estado de éxtasis incontrolado.
Todos estamos ansiosos por conseguir lo que ningún otro científico habría ni tan siquiera soñado, crear por nuestros propios medios un agujero negro en el Laboratorio Europeo de Física de las Partículas, aqui en Ginebra.
Muchos se han adelantado a afirmar que esto es un suicidio, que puede ser el fin de nuestra existencia y la de todo lo que conocemos hasta hoy, pero no saben lo que dicen, por eso hablan con tanta desfachatez.
Nuestras simulaciones afirman que tan sólo hay un dos coma treinta y cuatro por ciento de posibilidades de que algo salga mal, pero todos sabemos cual sería el problema, por ello hemos intentado aumentar nuestro límite de aciertos hasta el máximo, recolocando la posición del sistema reactivo de explosión neutrina.
Lo que conseguiremos en media hora, es confirmar mediante la práctica,que todo lo que dijo Albert Einstein respecto a su teoría de la relatividad y lo que provocaría en ella el tiempo en el espacio, es cierto.
Si todo sale como realmente creemos que saldrá, revolucionaremos el rigor científico que en los últimos años se ha apoderado de nuestra comunidad, al pensar que la tela cuántica de la que está formada el tiempo y la materia oscura, es posible rasgarla, y poder controlar los viajes interespaciales en cuestión de segundos, como si la mismísima estrella Antares, estuviera a sólo tres minutos del lugar de salida de nuestro trayecto.
Con nuestro sistema, demostraremos a los escépticos que rompiendo la quietud de esa sábana que es el Universo, podemos plegar la materia de la que está creado, y hacer un pliegue interestelar, que unirá nuestro planeta con cualquier punto conocido y no conocido del espacio, fabricando un agujero de gusano que abrirá esa puerta tantas veces soñada por miles de escritores y guionistas de ciencia-ficción.
Pero para conseguir todo esto, deberán pasar muchos años, ya que lo que hoy haremos, es simplemente un pequeño paso de hormiga, antes de llegar al final del jardín.
Lo que hoy haremos es chocar violentamente mediante bombardeos provocados, átomos de Hidrógeno entre sí, lo que nos permitirá tomar nota de las mediciones que se realicen.
Siento parecer eufórico, pero quién me iba a decir a mi, hace años, al terminar de leer una novela de terror llamada "Crónicas Necrománticas", que lo que hacía el protagonista, era realmente lo que iba a dar sentido al futuro de mis sueños, al origen de mis teorías, y como no, al devenir de nuestra existencia.

martes, 10 de noviembre de 2009

El libre albedrío




Despues de preguntarle, él le mostró el dedo.
En él se encontraba un pedazo de silicio negro. Pequeño, casi minúsculo, del tamaño de una alubia.

- ¿Y a esto le llamas futuro? ¿Tres años de trabajo, una inyección de capital de casi tres billones de dólares, y esto es lo que me traes?. Un simple Microchip.
- Julia, no es un simple Microchip.
- Entonces, qué coño se supone que es esta puta mierda- Contestó Julia con una mirada cargada de odio, directamente enfocada hacia los ojos del científico.
-Esto es el componente que va a cambiar la forma de ver el futuro y la humanidad. Una humanidad advocada a la autodestrucción, al fracaso. Una humanidad que ha explotado todos sus recursos naturales, que ha exterminado millones de seres vivos, sólo con la excusa de la supervivencia. Ha contaminado mares y océanos. Ha talado bosques, destruido arrecifes de coral, y ha acabado con el veinte por ciento de la capa total de ozono de la atmósfera. Pero cuando ponga en funcionamiento "La Purga", todo eso será arreglado, y un nuevo orden será instaurado en la Tierra.

Julia, con una mirada más que sospechosa en sus grandes ojos negros, y con una voz cargada de odio, se giró en su silla del despacho, quedándose mirando a través del ventanal de la planta 132 de su edificio coporativo.

- ¿ Y qué se supone que ganará Capsule Corporation con este "avance definitivo" como tú lo llamas?
Con su bata blanca impoluta, y con una sonrisa de satisfacción, Marc se acercó a la ventana junto a Julia, y le contestó taimadamente:

- Imagínate nuestro mundo, tal y como es hoy en día. Lleno de guerras subvencionadas por los paises poderosos y lucrándose tan solo con la destrucción de las etnias minoritarias. Imagín...
- Nosotros tambien nos aprovechamos de ellos Marc. ¿Como crees que te pago el sueldo que llena tu cuenta cada mes?- Le interrumpió la Directora.
- Por favor, déjame terminar. Imagina este mundo enfermo de avaricia, lleno de tragedias naturales como terremotos, huracanes, inundaciones. Incendios forestales, talas ilegales, matanzas de animales... todo esto solo afecta en lo que se refiere al medio ambiente, y todo ello provocado por nuestra propia especie.
¿Y qué me dices de nosotros mismos, de nuestro sufrimiento? Cáncer, Sida, epidemias víricas. El poder de los paises árabes manejando a su antojo la economía mundial manipulando el mercado del petróleo. Y los bancos, extorsionando a los mas pobres, para enriquecerse cada vez mas ellos mismos... pues con este trozo de silicio, tú Julia, y gracias a esa cantidad inmensa de dinero que la empresa ha inyectado en esta investigación, vas a ser la primera empresaria del mundo en acabar con todo eso, y crear, gracias a la investigación del proyecto llamado "La purga" un mundo nuevo, mejor, y vacío de todos esos problemas de los que te he hablado.

Julia, sin tan siquiera haberse inmutado por las palabras de aquel ser inferior en la cadena empresarial, volvió a girar sobre sí misma, y poniéndose de nuevo cara a cara con el hombre ataviado con la bata blanca.

- ¿Y cómo se supone que vas a conseguir eso, si se puede saber? Aunque sinceramente a mi el método, e incluso el resultado me da absolutamente igual, yo lo que quiero es que los gastos que me has causado, se vean paliados en cuestión de semanas con esta investigación tuya.
- Pues entonces - Dijo Marc- no perdamos más tiempo, y déjame que te muestre de qué es capaz esta miniatura.

Julia se levantó, y siguió de cerca a Marc por el pasillo hasta llegar al ascensor de la Corporación. Mientras bajaban, él, se la quedó mirando mientras le decía:

- No se preocupe Sra Mitch, le prometo que todo va a salir a la perfección, y que cuando vea los resultados, usted olvidará en ese mismo momento todo el dinero que invirtió en mi idea, y se dará cuenta de que fue un acierto el haber confiado en mi, aunque le resultara extraño que no quisiera a nadie trabajando a mi lado.
Cuando todo haya terminado, no le hará falta ese dinero que tanto echa de menos.

Julia le miró extrañado, y observó cómo el ascensor, continuaba descendiendo, hasta detenerse en la planta mas baja, el sótano 21.

Continuaron avanzando por un estrecho pasillo iluminado de color rojo, hasta que una puerta automática, se abrió de par en par dejando salir un intenso vapor blanco, gélido, que se le metió a Julia por debajo de la falda, haciéndola reprimir un pequeño escalofrío.

Lo que sus ojos contemplaron, era la creación de un genio. No entendía qué era lo que observaban sus ojos, pero tamaño ejemplar artificial, no podía ser sino el ingenio de una mente superior.
Una enorme máquina llena de tentáculos y provista de una pantalla gigantesca en su zona central, presidía el laboratorio allí ubicado. Los tentáculos se movían de aquí hacia allá, tocando zonas demasiado altas para que la vista de Julia pudiera vislumbrar. Millones de cables y tubos refrigerantes rodeaban la sala y la máquina, y un sonido hidráulico, era lo único que se oía en el habitáculo.

Julia se quedó impresionada con aquella visión, y ese fue el momento en el que se convenció a sí misma, afirmando para sí la suerte que tuvo al contratar a aquel científico catalán, que la prometió hace nueve años, crear una máquina capaz de acabar con todos los problemas de la humanidad, a cambio de llenar a Julia de un nombre más que destacado en la historia humana.

Ella sabía que Marc, había sido el único que había penetrado por aquella puerta desde entonces, y nadie sabía de la existencia de aquel sótano, por expreso deseo del investigador.

-Marc- dijo la mujer- tengo prisa, y me gustaría ir a celebrarlo con mi cartera de clientes. Por favor, comienza de una vez.

Marc, asintió con un gesto de su cabeza y se acercó a aquella gran mole de metal, plásticos y cerámicas. Posó su dedo índice sobre la superficie de una pequeña zona situada en el centro de la máquina, y un pequeño compartimento, salió suavemente empujado hacia afuera.

Marc, con sumo cuidado, puso el pequeño microchip sobre aquella pista de cerámica, y empujó el compartimento hacia dentro. La máquina hizo un ruido que a Julia le pareció un suspiro, y todo se iluminó de un blanco inmaculado, puro, y todos los ruidos se apagaron, dejando sonar tan solo los pálpitos del corazón de ella, que reverberaban en las paredes de la cámara.

Marc, se dio la vuelta, y se despojó de la bata, dejando ver su ropa de calle debajo. Se colocó al lado de Julia y dijo:

- Que comience la prueba.

Se apagaron todas las luces, y uno de los tentáculos se elevó hacia arriba, encendiendo una cúpula del tamaño de un coche pequeño, y que contenía un líquido transparente, parecido al agua, pero con la textura del mercurio.

-Por favor, introduzca la palabra clave.- La voz artificial, erizó el vello de la nuca de Julia, al reconocerse a sí misma diciendo esas palabras.

- En cuanto usted quiera, Sra Mitch, como dueña de todo esto, y como responsable de este avance tecnológico, tan sólo hágame una señal.
Julia, respiró hondo, y con un movimiento de cabeza, le dio a Marc su consentimiento para que comenzara todo lo que había venido a ver.
Marc, se giró, y con una sonrisa horrenda, que a Julia le pareció la de un lunático, levantó los brazos y dijo en voz baja:

- Que comience el espectáculo.
Palabra clave, Sacrificio.

En ese mismo instante, una luz cegadora iluminó el sótano, y la temperatura se elevó hasta casi los dos mil quinientos grados. Una onda expansiva de algo que la Tierra jamás había conocido, empezó a viajar a la velocidad del sonido por entre todos los rincones del globo, alcanzando a todos los habitantes de las ciudades, grandes y pequeñas, y convirtiendo su carne, en energía cósmica, evaporando todos los resquicios de sus cuerpos en milésimas de segundo.

Pasados trece segundos, la humanidad entera había desaparecido de la faz

miércoles, 4 de noviembre de 2009

Casi perfectos. -Relato con cien palabras-

Dicen que lo han conseguido, pero nos mienten.
Yo lo sé, aun no son perfectos. Sus movimientos casi mecánicos difieren de los nuestros, los humanos. Sí, se acercan, pero no llegan.
Sus rostros son lindos, afables, sin impurezas... acné, arrugas, puntos negros.
No pueden pintar, escribir una obra de teatro, escribir un poema o improvisar una canción.
No, los androides tan solo son eso, hierro y fibra sin alma, sin corazón.

Sus cavilaciones acaban con el ruido de un frenazo y un grito de dolor. Se mira sus manos y descubre que por fin el hombre ha logrado la perfección.